
Nuestra misión
La misión del Instituto Secular Pío X:
¡un don de Jesús!
« Señor Jesús, ¡mi Todo! ¡Todo para Ti! ¡Te amo y quiero alegrar tu Corazón y hacerte amar por muchos! Lo más urgente: ¡hacerte conocer! Danos los medios para hacerlo bien y pronto: santifícanos. » Padre Henri Roy, 12 de enero de 1965.
Fueron escritos varios textos para definir la misión que anima a los miembros del Instituto Secular Pío X. Pero más que palabras, esta misión está vivida por hombres y mujeres desde los años 1940 que creen en Jesucristo y quieren compartir esta experiencia. Esta misión se expresa de una sola forma: en el apostolado, y un apostolado grande como el mundo. Por su presencia al mundo, en el trabajo, en la evangelización directa, en obras apostólicas, el miembro del Instituto Secular Pío X quiere que Jesús sea más conocido, mejor amado, mejor servido. Esta acción apostólica se ejerce especialmente en los medios obreros, entre los menos favorecidos y entre los pobres.
Esta misión es muy grande, amplia. Por eso, tratamos de precisarla por medio de un objetivo que hay que lograr para realizar la misión:
« El miembro del Instituto Secular Pío X se preocupa y tiene la voluntad de asociarse con gentes de los medios populares y más particularmente con los pequeños y los pobres que le son confiados de manera especial. Sabedor que su vida apostólica se alimenta de su unión con Cristo, siempre y dondequiera, el miembro se hace disponible para este apostolado procurando valorar toda persona que a diario se codea. Por el testimonio personal y el anuncio directo será como haga descubrir a Cristo viviente en lo más íntimo de las personas con quienes trata. Mediante este apostolado, revelamos a las gentes que Cristo tiene una misión que confiarles y al mismo tiempo nosotros la descubrimos más en nuestra propia vida. “Conocer, amar y servir a Cristo para hacerlo conocer, amar y servir”, es el cumplimiento concreto de nuestra misión. »
Los responsables del Instituto, desde el Padre Roy hasta hoy, siempre quisieron el apostolado por la presencia al mundo. Hoy día, este apostolado es aún más necesario e importante. Se trata de « infundir las energías vivificantes del Evangelio en las venas del mundo moderno ».
Esta presencia en el mundo se realiza cuando hombres y mujeres resplandecen de Cristo en sus diferentes medios de vida. Que sean profesionales o jornaleros, tecnólogos o artistas, pueden anunciar la Buena Nueva de Cristo por su vida, sus palabras, sus actitudes, sus acciones y así alcanzar el hombre y la mujer en su vivencia diaria. Por medio de una presencia discreta, los miembros del Instituto Secular Pío X suscitarán en sus colegas de trabajo un gran interrogante: « ¿Quién es este hombre, esta mujer? Que es lo que le da su fuego interior? »
Un día, la puerta del corazón se abrirá y el miembro del Instituto Secular Pío X estará invitado a decir claramente que Jesús es el centro de su vida. Proclamará que el amor de Cristo es el motor de su existencia y la fuente que da un sentido profundo a toda su vida. Por el compromiso concreto, la presencia misma, en el corazón de las realidades humanas, se vuelve un testimonio de fe. La misión de encontrar a Dios en el corazón del mundo se vuelve un llamado constante: un llamado a descubrirlo y hacerlo conocer por tantos hombres y mujeres en búsqueda de felicidad.
Para los miembros del Instituto Secular Pío X, la evangelización directa siempre tuvo una importancia primordial y eso sigue aún. Cuando una sociedad no alcanza a brindar un mensaje de compromiso de fe en la vida diaria, es esencial que hombres y mujeres se levanten como profetas para interpelar.
Por eso, además de la presencia en el mundo en las condiciones ordinarias de la vida, estamos presentes en el mundo por medio de obras apostólicas que permiten un anuncio directo de Jesucristo y la salvación ofrecida a toda persona. Los miembros dan a conocer a Cristo vivo por medio de varias obras y actividades apostólicas: por el proyecto «Vent d’espérance », la predicación popular, la acogida en una casa de retiros, la publicación y la difusión de obras espirituales en una casa editorial católica, un proyecto de evangelización para la pareja y la familia, su implicación en diferentes movimientos eclesiales, etc.
Pero, el Instituto Secular Pío X fue establecido en prioridad para los pequeños y los pobres. «¡Los pobres son nuestros maestros! » Este grito de los santos fue recibido como lema por todos los miembros del Instituto. La opción prioritaria y preferencial por los pobres es entonces una condición inalienable de toda vocación de evangelización para las personas llamadas al Instituto. Son los pequeños y pobres de pan, pero muchos veces son también los pequeños y pobres de luz. El deseo más profundo de cada miembro es que toda persona tenga este encuentro con Jesús que salva por su amor y que esta misma persona se vuelva también "multiplicadora" para la misión.

|